Archivo | mayo, 2015

La escritura de la amistad: Un “dispositivo”

2 May

La escritura de la amistad: Un “dispositivo”.

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La escritura de la amistad: Un “dispositivo”

2 May

La escritura de la amistad: un “dispositivo”

¿Qué es la amistad sino una proximidad tal que no es posible hacerse de ella ni una representación ni un concepto? Reconocer a alguien como a un amigo significa no poder reconocerlo como “algo”.
“El amigo”

¿Qué es un dispositivo? seguido de El amigo y de La Iglesia y el Reino.
(Anagrama, Primera edición en español, traducción de Mercedes Ruvituso, 2015)
– Giorgio Agamben

“La intimidad entre amistad y filosofía es tan profunda que esta última incluye el phílos, el amigo, en su propio nombre y, como muchas veces sucede con las proximidades excesivas, corre el riesgo de no poder explicarse.”

“El amigo”- Giorgio Agamben

El ensayo de Agamben: “El amigo”, irrumpe en el medio de la trilogía de textos en el libro arriba mencionado como si fuese él mismo un “dispositivo” (por ser escritura, por ser lenguaje), y nos hace recordar, entre otras cosas, el primer ensayo del libro: “¿Qué es un dispositivo?” así como una de las definiciones de Agamben en torno a este término:
“[…] llamaré dispositivo literalmente a cualquier cosa que de algún modo tenga la capacidad de capturar, orientar, determinar, interceptar, modelar, controlar y asegurar los gestos, las conductas, las opiniones y los discursos de los seres vivientes.”(23)
Y añade más adelante:
“Por lo tanto, no sólo las prisiones, los manicomios, el Panóptico, las escuelas, la confesión, las fábricas, las disciplinas, las medidas jurídicas, etc., cuya conexión con el poder de algún modo es evidente, sino también la pluma, la escritura, la literatura, la filosofía, la agricultura, el cigarrillo, la navegación, los ordenadores, los teléfonos móviles y –por qué no – el lenguaje mismo, que quizás es el más antiguo de los dispositivos, en el que miles y miles de años atrás un primate – probablemente sin darse cuenta de las consecuencias a las que se exponía- tuvo la inconsciencia de dejarse capturar.”(23-24) (énfasis suplido)
Luego de leer este párrafo cruza en nuestra memoria esa variatio, -esa lista disonante-, que comprende un paseo por prisiones y manicomios, vadeando confesiones, cigarrillos, atravesando literatura, escritura, teléfonos móviles, y, por supuesto: el lenguaje mismo; esa disímil enumeración nos hace recordar también ese verso repetido por Cervantes en su primer libro Los seis libros de la Galatea (1585): Et per tal variar natura è bella, que podemos disfrutar en el soneto de Damón en el quinto libro de La Galatea , soneto que incluye “el celebérrimo verso del Aquilano” (Serafino de’ Ciminelli, poeta petrarquista de finales del XV) como lo llama Patrizia Campana en su artículo “Et per tal variar natura ὲ bella”, apuntes sobre la variatio en el Quijote”, y cuyo último terceto es: “La sujeción se cambia en señorío / el placer en pesar, la gloria en viento/ che per tal variar natura ὲ bella.” Y este verso nos lanza a Los seis libros de la Galatea, a remirarla hoy y veremos por qué.
Tenemos el “dispositivo” de Agamben: la escritura de su ensayo “El amigo”, el tejido de su lenguaje, y tenemos un “verso” que de una manera u otra, es otro dispositivo, y puede incidir en la reflexión de los asuntos de amistad y en el discernimiento de “la amistad verdadera” como la llama el propio Cervantes en su primer libro arriba mencionado. Un dispositivo / ensayo / verso/ una noción (amigo), se entretejen en este ejercicio que se dirige a ofrecer una breve reflexión en torno a la amistad, casi sempiterna reflexión en mi vida desde hace, por dar un número: 45 años. Recordamos a Lisis, diálogo en el que Platón analiza el significado de la amistad, “[…] primer documento literario de la historia de la Humanidad en el que se lleva a cabo una profunda investigación y reflexión sobre la amistad”, según lo recuerda Gustavo Villapalos en El libro de la amistad (Martínez Roca, 2000, 27), libro en cuya portada se erige la reproducción del lienzo de Murillo Niños comiendo melón (1645-50), imagen que merece la pena recordar mientras conversamos y escribimos en torno a la amistad.
Al igual que Agamben omito aquí las tesis fundamentales de Artistóteles, contenidas en los libros octavo y noveno de la Etica a Nicómaco, texto asaz discutido. Recojo aquí algunos enunciados de Artistóteles que inscribe Agamben en su libro: “[…] no se puede vivir sin amigos, es necesario distinguir la amistad fundada en la utilidad o en el placer de la amistad virtuosa, en la que el amigo es amado como tal, no es posible tener muchos amigos, la amistad a distancia tiende a olvidarse, etc.,” (“El amigo”, 46) Y, en cuanto, al enunciado de Aristóteles de que “Un amigo es otro yo”, -que luego repite Cicerón en De amicitia- Agamben dedica página y media a incorporar el pasaje (Etica a Nicómaco, 1170 a 28 – 117 1b 35) y reproduzco aquí los últimos segmentos de su escritura (dispositivo):
“ […] y si el hombre virtuoso con-siente con el amigo como consigo mismo, porque el amigo es otro sí mismo (tὸ autὸn eῖnai); entonces, así como la propia existencia es apetecible para cada uno, así será la existencia del amigo, o poco más o menos.”(47)
Y agrega luego: “[…] La amistad es, en efecto, una comunidad, y la disposición que uno tiene para consigo la tiene también para el amigo. Y como respecto a sí mismo, la sensación de existir (aísthesis oti éstin) es deseable, así también lo será para el amigo.”(47) Y Agamben, -luego de una breve incursión por la alteridad, en griego y en latín-, concluye:
“El amigo no es otro yo, sino una alteridad inmanente en la mismidad, un devenir otro de lo mismo. En el punto en el que yo percibo mi existencia como agradable, mi sensación está atravesada por un con-sentir que la disloca y deporta hacia el amigo, hacia el otro mismo. La amistad es esta desobjetivación en el corazón mismo de la sensación más íntima de sí.”(49)
Y luego de otras disquisiciones lingüísticas en torno a la “convivencia”, apunta esto de la amistad: un “[…] compartir puramente existencial y, por así decir, sin objeto: la amistad como con-sentimiento del puro hecho del ser.” Concluye:
“[…] Los amigos no comparten algo (un nacimiento, una ley, un lugar, un gusto): ellos están compartidos por la experiencia de la amistad. La amistad es el compartir que precede a toda partición, porque lo que tiene que partir es el hecho mismo de existir, la vida misma. Y lo que constituye la política es esta partición sin objeto, este con-sentir original.”(51)
Así pues, remito a los párrafos anteriores para resaltar, entre otras cosas, dos términos: “con-sentir” y “con-sentimiento”, así como “comunidad” que nos zumban a las nociones de empatía, mutuo sentir, y acuerdo, tres nociones presentes en “la amistad verdadera”, en esa amistad que se materializa para algunos pocos y que cuando ocurre es un continuo momento de júbilo; es la propia amistad la que comparte y los amigos son compartidos por ella.
De todos los apuntes en torno a la amistad que podamos haber leído (asunto de mi tesis doctoral: “La Poética de la amistad en Los seis libros de la Galatea (1585) de Cervantes”), no había topado – al menos no lo recuerdo- con uno que trajera a la superficie, de manera singular –por “[…] no poder explicarse”-, lo que quizás ha permanecido furtivo y velado para muchos lectores interesados en reflexionar y discurrir en torno a la amistad, regalo que con excepción de la sabiduría es un primo regalo de los dioses, según nos recuerda Cicerón en De amicitia. El segmento del cual hablo es el siguiente, y es uno con el cual Giorgio Agamben inicia su ensayo “El amigo”:
“1. La amistad está tan estrechamente ligada a la propia definición de la filosofía que puede decirse que sin ella la filosofía no sería posible. La intimidad entre amistad y filosofía es tan profunda que esta última incluye el phílos, el amigo, en su propio nombre y, como muchas veces sucede con las proximidades excesivas, corre el riesgo de no poder explicarse.”(40)
Y añade a renglón seguido:
“En el mundo clásico esta promiscuidad y casi consustancialidad del amigo y del filósofo era evidente, de modo que sólo una intención por así decir arcaizante –en el momento de plantear la pregunta extrema: ˂ ¿Qué es la filosofía?˃- pudo llevar a un filósofo contemporáneo a escribir que ésta era una cuestión a tratar entre amis [entre amigos]. De hecho hoy la relación entre amistad y filosofía ha caído en el descrédito y los que tienen como profesión la filosofía se relacionan con una especie de molestia y mala conciencia con este partner incómodo y, por así decir, clandestino de su pensamiento.”(“El amigo”, 40)
Vale recordar que en Los seis libros de la Galatea (1585) de Cervantes, -otro de los “dispositivos” de este ejercicio-, lucen en tríada unificada: los pastores / los poetas / los amigos/ las amigas muy cerca de “las razones de filosofía”; y los pastores/ las pastoras personajes en Los seis libros de la Galatea, como sabe el lector, son disfraces de poetas históricos (y amigos) que se cubren (para des-cubrirse a veces) en la diégesis pastoril. Dice la figura autorial Cervantes en el prólogo a los “Curiosos lectores”:
“[…] Y así, no temeré mucho que alguno condemne haber mezclado razones de filosofía entre algunas amorosas de pastores que pocas veces se levantan a más que a tratar cosas del campo, y esto con su acostumbrada llaneza. Más, advirtiendo, como en el discurso de la obra alguna vez se hace, que muchos de los disfrazados pastores della lo eran sólo en el hábito, queda llana esta objeción.”
agambenGiorgio Agamben, y Miguel de Cervantes se dan la mano aquí: amistad / filosofía; las lecturas de ¿”Qué es un dispositivo?” y “El amigo” del primer autor me obligaron el recuerdo de Los seis libros de la Galatea, que entró, como una madeleine Proustina –o como el pisar de una baldosa en una biblioteca-, por las menciones vitales de la estrecha ligazón entre amistad y la filosofía; la segunda carga la primera, por así decirlo, en su propio nombre: phílos y sofía. Lo sabemos pero siempre surge el gozo cuando alguien como Agamben lo consigna al inicio de un ensayo titulado “El amigo”.
Dejo para otra ocasión trabajar este segmento del libro de Agamben que incorpora en el ensayo “El amigo” y que habla de la “incomodidad” arriba citada pero que merece repetirse: “De hecho hoy la relación entre la amistad y filosofía ha caído en el descrédito que tienen como profesión la filosofía se relacionan con una especie de molestia y mala conciencia con este partner incómodo y, por así decir, clandestino de su pensamiento.”(39-40)
Y enseguida, Agamben puntea una probabilidad en cuanto al libro de la amistad de Jacques Derrida:
“[….] Probablemente una incomodidad parecida y consciente hizo que Jacques Derrida eligiera como leitmotiv de su libro sobre la amistad un dicho sibilino que la tradición atribuye a Aristóteles y que niega la amistad en el mismo gesto con que parece invocarla: o phíloi, oudeì ˂oh amigos, no hay amigos˃…”. (40)
“El amigo”, un ensayo de 7 páginas, y “¿Qué es un dispositivo?” de 13 páginas, merecen leerse y abrir esos textos a los “vínculos” y “lazos” (palabras cuyo sinónimo es “amistad”) que nos proponen, así como permitir que surjan los recuerdos de lecturas seminales en nuestras vidas (y vivencias). Estas páginas que de ello hablan, también constituyen un dispositivo, porque es lenguaje “[…] que quizás es el más antiguo de los dispositivos.”(24), dispositivo para reflexionar un poco más en torno a la amistad y, ¿por qué no? también en torno a la filosofía y lo que Agamben nos recuerda al respecto y Cervantes lo descubrió cubriéndolo.